El último café


- Disculpa, ¿me puedo sentar?   
Decisiones. Todo en la vida se basa en decisiones. La mujer que tengo en frente, puede decir que no, que desea su espacio y que me busque otra mesa. O simplemente, aceptar, dejarse llevar por mi falso encanto y ser brutalmente asesinada.
—Claro, no hay problema —responde la hermosa fémina, después de haberme examinado por varios segundos, interrumpiendo su sagrada actividad de beber su frapuccino. Su instinto de mujer ha sido desactivado por mi sonrisa. El café de hoy tendrá varias gotas de sangre.   
 
Hace dos semanas que no he asesinado a nadie. Incluso llegué a pensar que podría cambiar mi hobby por la lectura, pero me equivoqué. Mi cuerpo me pide muerte, dolor, sangre. No concibo un minuto más sin ver los sesos de mi víctima por toda la habitación. Matar es una necesidad vital para mí.
Hoy he decidido demostrarme que sigo conservando mi arte. ¡No me puedo rendir! En cinco pasos, acabaré con la vida de la hermosa mujer con la que estoy compartiendo la mesa.  Y si no lo logro…me entregaré a la policía, o simplemente, me pegaré un tiro en la sien. Hoy juego todas mis cartas. 

Paso 1: Reconocimiento del escenario

Son las siete de la noche en el Café Primavera de Surco, una simpática cadena peruana al estilo Starbucks. Hay cámaras de seguridad y el local está repleto. Aparentemente sería imposible cometer un crimen sin ser descubierto. Sin embargo, existe un punto ciego, un espacio que no es detectado por el lente. A unos pasos a la derecha del lugar donde uno puede echarle azúcar a su bebida, cinco para ser exacto, podría volverme invisible para las pruebas de video. Debo aprovechar ese fallo de la forma más sensata y eficaz.

Paso 2: Detalles

Han pasado sesenta segundos desde que me senté en la misma mesa de mi futura víctima y ni siquiera hemos vuelto a intercambiar miradas. Sin embargo, me acabo de dar cuenta de algo muy en particular…se toca repetidas veces su cachete derecho, al parecer tiene algún malestar.
— ¿La muela, ¿verdad?
— Sí, contestó, después de absorber un poco de su bebida con el característico sorbete.
—Te acaban de extraer la muela superior derecha. Te han hecho un corte y te lo han suturado. En un par de días te quitarán los puntos. Haces bien en tomar bebidas heladas. Ayuda a calmar el malestar.
El gesto de sorpresa de mi víctima era único. Me había ganado toda su atención.

— ¿Cómo puedes saber con tanta precisión lo que tengo? — preguntó la mujer con una sonrisa.
—Soy odontólogo. Especialista en implantes —dije, mientras sacaba de mi billetera la tarjeta de un dentista que asesiné hace tres años.
La verdadera respuesta a la interrogante de la bella mujer, es bastante puntual. Al confirmarme que le molestaba la muela, pude percatarme de una pequeña imperfección al momento de abrir su boca, ubicando la lesión en la parte superior de su rostro. Por otro lado, cada vez que bebía su café helado, situaba el líquido en la parte derecha, como cuando uno le pone hielo a un golpe. Hasta ese momento me quedaban dos opciones, o le iban a extraer la muela porque le había empezado a doler, o ya se lo habían hecho. Y bueno, aposté por la segunda alternativa. De una u otra manera podría seguir con mi farsa de dentista. La suerte está por el momento a mi favor. Acerté de maravilla con el diagnostico, quedando como un experto. 

Paso 3: Oportunidad

Su nombre es María Elena, pero le gusta que la llamen Malena… y yo, para ella soy Javier Villalobos. Hemos estado conversando sobre su problema con las muelas. Todas les han crecido chuecas, empujando a sus demás dientes, es por ello la urgencia de que se le extraigan las cuatro. Ya le han quitado dos, pero el doctor que la he estado tratando, según ella, no está haciendo un buen trabajo. La operación le ha causado mucho dolor y se ha hinchado por días. Y cómo es obvio, he criticado a mil la labor de mi supuesto colega, alegando que podría operarla sin problema alguno, garantizando que no le dolería, debido a mi sistema de radiografía tridimensional, que me permitiría examinar los cortes necesarios por hacer, evitando que le lastime algún nervio.
—Sería bueno que bebas otro frapuccino para que el frío ayude a calmar tu malestar.  Déjame invitarte uno.

Me había ganado su simpatía. Y, sobre todo, hecho gala de mis cuatro supuestas clínicas en Lima. Un hombre bastante interesante. ¿Por qué no aceptar un café? Sé que debe pensar que por algo el destino nos ha tenido que juntar. El romanticismo de las mujeres puede hacerlas caer en las garras de un verdadero lobo feroz.
— No gracias. De verdad estoy bien.
—Bueno, entonces yo iré a pedirme un café. Ya regreso. ¿Me esperas unos minutos?
—Pucha, Javier. De verdad he disfrutado mucho conversando contigo, pero debo irme. Tengo un compromiso en casa de mi mejor amiga. No la veo hace meses. Pero de todas maneras te estaré molestando en la semana. Ni fregando me vuelvo a operar con mi anterior dentista.
¡Crisis! Debo retenerla. ¡Si la maldita se larga del local, no podré cumplir mi cometido! ¡No puedo fallar!
—Solo diez minutos más. Es todo lo que te pido.
Malena se puso roja y agachó la mirada. Pero al regresarla en mí, empleando un tono coqueto, dijo:
— Tendrás que darme una buena razón.
Sonreí al escucharla, la miré fijamente a los ojos, humedeciendo mi mirada con una expresión nostálgica. Siempre pensé que podría haber llegado a ser un gran actor.
—Para estos momentos, mi ex esposa se debe de estar casando con mi primo. Fui invitado a la boda, pero por obvias razones no fui. Solo intento distraerme un rato…Malena, después de mucho, no me sentía tan bien hablando con alguien.
Silencio. El futuro de la vida de Malena se limita a solo una respuesta. Difícil decisión.  La pobre ignora que, si no es más intuitiva, morirá de una forma espantosa. Vamos, equivócate una vez más. Acepta y abre las malditas puertas del Infierno.
—Está bien, Javier…ve a comprar tu café. Te espero y conversamos unos minutos más. Llamaré a Fiorella, mi amiga, para decirle que llegaré un poco tarde —expresó Malena con un tono muy dulce, tocándome el hombro para darme fuerza. Pobre…se tragó el cuento. No habrá un mañana para ella.

Paso 4: Ejecución

Me pedí un Caramel frapuccino. Me dirigí al punto ciego de las cámaras de seguridad una vez que obtuve mi bebida, y con una hábil maniobra, introduje una pastilla en ella. Luego, saqué mi agenda, arranqué una hoja y empecé a escribir por unos segundos. Luego, regresé a mi asiento. Malena me esperaba.

 Paso 5: Golpe de gracia

—He estado pensando todos estos minutos en qué decirte, así que espero que mis palabras logren animarte un poco —me dijo Malena, apenas me senté en la mesa.
—Te escucho —contesté con desgano, fingiendo tener el corazón roto.
—Hace como seis meses terminé con mi novio, llevábamos casi cinco años juntos. Sé lo difícil que es romper una relación. Pero la vida continúa. Siempre hay un camino…
María Elena tuvo que dejar de hablar, la muela le empezó a doler.
—Bebe un poco de mi café helado, te hará bien —expresé con una sonrisa.
Malena aceptó y empezó a tomarse mi frapuccino. Por mi parte, simplemente atiné a dejar sobre la mesa el papel que había escrito. Todo había terminado.

El diablo en el reflejo

Me miro al espejo. Ya no llevo el cabello teñido de castaño claro, ni los bigotes falsos que usé al conocer a Malena. Reconozco a la bestia de cuernos rojos en el reflejo. Me sonríe. No le temo. El Diablo sabe que cuando nos encontremos cara a cara en el Infierno, nos disputaremos el trono del más perverso.

He vuelto. Hace tres días asesiné a Malena con éxito. En la bebida coloqué una pastilla de Jharir, un veneno de Afganistán, que se disuelve como un efervescente en los líquidos, produciendo en el cuerpo una insoportable dosis de adrenalina. Es por ello que un terrible infarto acabó con la vida de mi víctima. Lo más maravilloso y gráfico del asunto, es que cayó al suelo con el café, se rompió la cabeza y su sangre se mezcló con el dulce líquido, tiñendo de rojo la escena. Por mi parte, fingí estar preocupado ante el hecho, gritando por ayuda. Aproveché el tumulto de la multitud para desaparecer. Volverme una sombra y escapar de la escena del crimen. Pero a pesar de todo, sigo siendo una persona bastante sensible y detallista. La nota que dejé en la mesa, se lo dediqué a la amiga de Malena.

De verdad lamento, Fiorella, que tu amiga no pueda reunirse contigo hoy. Sé que es difícil perder a un ser querido, pero déjame decirte que, gracias a la muerte de Malena, yo podré continuar con mi vida.
Pensé que mi labor como asesino había acabado, pero encontré a Malenita y todo cambió para mejor. He sido bastante gentil con ella. Generalmente suelo ser más violento, frío, depravado al matar a una persona, pero con María Elena fue distinto. Lo disfruté mucho, Fio (Disculpa la confianza. No me gustan los formalismos). Lo mejor de todo, fue ver cómo se rompía la cabeza antes de morir y se desangraba mientras gemía de desesperación.




Postdata: Por el momento me tomaré unas vacaciones. A mi regreso, pasaré a visitarte para darte mi pésame. No te molestes en contratar seguridad ni dar parte a la policía, Fiorella. De todas formas, te romperé el cráneo y desparramaré tus sesos por tu sala. Nos vemos. Te mando un beso y un abrazo. Mis más sinceras condolencias. 

Rojo

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