La víctima de Noche

Hacer taxi por las noches es más tranquilo. El tráfico es menos intenso y se gana más dinero. Trabajo de seis de la tarde a seis de la mañana, doce horas en el volante para ser exacto. Nunca se me ha presentado algún problema, mi estampita de San Judas Tadeo, cuida fielmente de mí.

Una y media de la madrugada

Hoy estoy muy cansado, no creo que pueda cumplir mi jornada. Las calles de Lima son un laberinto gris, ya estoy harto de la rutina, necesito otro empleo. Pero para un hombre de treinta y cinco años, sin profesión y secundaria a las justas, no es sencillo.

Rondando el concurrido distrito de Miraflores, bor
deando el parque Kennedy, estoy pensando muy seriamente en ir a mi casa, tomarme unas cervezas, embriagarme, despertarme a las seis de la tarde, y continuar mi predecible vida.

Una mano amistosa me hace una señal, se trata de una mujer con minifalda, no logro visualizarla bien, me acercaré. Freno mi taxi amarrillo y me dedico a examinar a mi próxima pasajera. Una rubia muy guapa, de aproximadamente veinticinco años. Un ro
stro sumamente bello.

—Cuánto me cobra a la cuadra veinte de Arnaldo Márquez —dijo la mujer, con una mirada penetrante. 

No tenía ganas de seguir manejando, así que le propuse una alta tarifa para ser rechazado. 

—Veinticinco soles. 

–Ok —dijo sin pensarlo mucho, y entró a mi taxi. 

Quién diría, quizá al parecer hoy es mi día de suerte. Tengo una guapa pasajera, dispuesta a pagar una injusta tarifa. Esta será mi última carrera de la noche.

Traté de no prestarle mucha atención, pero no pude evitar convertirme en un espía, y no dejar de mirarla por el espejo retrovisor. Debo confesar que estoy un poco angustiado, por decirlo así, hace ya varios meses que no tengo contacto con una mujer. En fin, tendré que conformarme con mirarle las piernas y fantasear con su piel. 

—¿Cómo se llama? —preguntó la mujer de repente. Sus grandes ojos pardos, me hacían sentir como una gacela siendo asechada por una leona. Su mirada felina, es una invitación al orgasmo. 

—Emilio —respondí.

Sé que debí preguntar por su nombre, pero mi baja autoestima, no me lo permitió. Estoy intimidado.  
El silencio nos acompañó durante varias cuadras, hasta que finalmente, dijo:

— Mi nombre es Noche.

Peculiar nombre el de la señorita, que al parecer intenta buscarme conversación. Finalmente entendió que no lo conseguirá con un parco taxista, así que se puso a hablar por celular. Después de dieciocho minutos, aproximadamente, llegamos a su casa, Arnaldo Márquez 2020.


—No traigo dinero conmigo, si gusta puede entrar a mi casa, me espera unos minutos en la sala, y le pago. 

—No se preocupe señorita, prefiero esperarla aquí. 

Soltó una sexy sonrisa, se acomodó el cerquillo de raya al costado, y dijo: 

—Yo preferiría que ingrese a mi casa, quizá me demore, y no me gustaría hacerlo esperar tanto rato afuera con este frío infernal. 


No creo que se quiera acostar conmigo, soy solo un chato barrigón con un bigote similar al de Mario Bross. En fin, no me quedó otra que aceptar y esperar mi paga.

Una y cincuenta de la madrugada

La fachada de la casa es espectacular. La mujer debe ser adinerada y vivir con más de tres personas, es bien grande. Una especie de castillo moderno es su vivienda, me siento como en un cuento de hadas. Yo vendría a ser el duende de la historia.

Ingresamos. Su casa es de otro mundo. Su piso de color marrón, brilla de limpio y reluciente. Muebles de cuero blanco, sumamente finos, adornan su casa. Lo único que me descuadró, fueron la diversidad de retratos en sus paredes. Varios rostros de hombre, dibujados con la precisión de Da Vinci.

—Espéreme aquí, no tardaré. 

Noche subió por las escaleras y desapareció de mi visión. Me senté en el sillón más amplio de la casa y me dispuse a relajarme.

Traté de ser paciente, pero treinta minutos sin respuesta, ya es demasiado. Me acerqué a las escalares, no sabía si subir o no. Quizá ella me esté esperando, gran dilema. 

—Señorita, ¿está todo bien? Le agradecería que me pague de una vez, no tengo toda la noche. 

No hubo respuesta. Comencé a subir, de repente, escuché su voz. 

—Disculpe, ya ahorita bajo, deme solo dos minutos. 

Cerré los ojos, suspiré. Me quedé estático en el quinto escalón, un cuadro en la pared me llamó la atención. Quizá sea el estrés, pero sentí como si el retrato de un joven de pelo negro y nariz voluptuosa, quisiera decirme algo. Un gesto perdido y nostálgico en el rostro del tipo, daba la impresión de estar frustrado por no poder expresarse. Pero lo más insólito no erra ello…le faltaban los ojos. 

De pronto, un grito escalofriante arremetió mi ser como un terremoto. 

— Noche, ¡te encuentras bien! —exclamé asustado. Las luces se apagaron, la iluminada casa, quedó en sombras. Saqué de mi bolsillo una mini linterna, que suelo usar para buscar las monedas que se caen debajo del asiento. 

Comencé a subir, algo muy extraño estaba pasando. La casa había cambiado. Parecía como si hubiese estado abandonada por mucho tiempo. Las paredes deterioradas y despintadas. Tan solo los cuadros se mantenían en su sitio. Subí al segundo piso, todo estaba oscuro, no sabía a qué habitación ir para encontrar a Noche. 

— Señorita, ¡dónde está! Deme una señal, solo intento ayudarla.

Una luz se encendió de pronto. Apreté mi puño y me armé de valor. Un pasadizo largo, no importa, ya estoy involucrado, debo seguir. Entré a la habitación, un olor a podrido arrasó mis sentidos como un huracán de basura. No podía respirar bien, realmente apestaba el lugar. Todo el cuarto estaba vacío, tan solo una cama de madera deteriorada. Intenté partir, pero la puerta de la habitación de cerró de golpe. Forcé la manija, pero era inútil. La luz se apagó. Me empezó a faltar la respiración, sentí un frío aliento en mi cuello, alguien estaba atrás de mí. Prendí la linterna y apunté a los pies. Atrás de los míos, podía ver unos descalzos. Volteé de golpe y grité con todo mi ser al ver el rostro de una mujer desfigurado, con diversos cortes en la cara y sin ojos. La mujer sonrió con malicia y puso sus manos sobre mi rostro, presionando mis ojos con intensidad. El dolor era infernal. No podía moverme del miedo, solo gritaba con desesperación. Sentía sus uñas clavarse como navajas en mi frente mientras sus pulgares presionaban mis ojos con furia, haciendo que empiecen a sangrar…

Nueve de la mañana

– ¿Emilio García? 

Desperté y abrí los ojos con dificultad. Me encontraba en la cama de un hospital y una silueta borrosa me hablaba. 

—Estaba haciendo guardia y vi un auto estacionado afuera de una propiedad abandonada. Y me pareció ver luces, como las de una linterna por las ventanas. Entré a ver qué había sucedido y lo encontré gritando en el segundo piso, tenía lesiones en la frente y en los ojos. Lo traje al hospital más cercano. 

Pude ver con mayor claridad, se trataba de un policía. 

—Gracias —dije con dificultad. 

— ¿Qué le pasó?

— Una chica que vive allí me atacó. Se llama Noche. 

— Señor, allí no vive nadie. Como le repito, esa casa está abandonada. Y si se refiere a Noche Sarmiento, ella fue asesinada hace como dos años. El caso aún sigue abierto. 

— ¿Cómo murió ella? —pregunté como si se tratase de un reflejo. 

—Noche tomó un taxi por el parque Kennedy a eso de la una y media de la madrugada. Eso nos informó Percy, su enamorado, ya que en el camino se puso a hablar con él por celular. Y bueno, lo demás es un misterio, ya que un día después, sus padres y sus hermanos, que estaban de viaje, la encontraron sin ojos en su habitación, con muchos cortes y golpes por todo el cuerpo. Nunca se encontraron los ojos de la víctima. Se sospechó del taxista al inicio, pero no dimos con el supuesto asesino. Todo fue muy extraño. 

Sentí cómo el frío se apoderaba cada vez más de mí. Pasé mis manos sobre mi rostro, felizmente conseguí no desmallarme. 

—¿Está usted bien, señor? —preguntó el joven policía. 

—Sí, solo estoy cansado —dije, tratando de ocultar mi miedo, temía que, si decía la verdad, me tomen por loco. 

—Antes de retirarme, quisiera saber qué hacía en la casa. Mire, no vamos alargar más esto. Si se estaba drogando o algo similar, no voy a arrestarlo. Pero tenga cuidado…

—Creo que, en el fondo, quiere que le diga cualquier cosa para hacerlo sentir tranquilo. Usted cuando entró, vio algo…estoy seguro. Solo que prefiere olvidarlo. 

El policía frunció el ceño por unos segundos, balbuceó un par de cosas que no logré entender, hasta que finalmente, se acercó a la puerta del cuarto, y antes de partir, dijo: 

—Me alegra que esté bien. No regrese a esa casa, señor García. 


En la madrugada

A la una y media de la mañana, llevando una linterna de buena iluminación, entré nuevamente a la casa de Noche. No subí al segundo piso, tan solo quería ver los cuadros. Se trataban de aproximadamente veinte retratos de hombres sin ojos. Me pregunto que quizá si no fuese por la ayuda de ese policía, mi rostro sería el número veintiuno.  

Una vez fuera, dentro en mi taxi, encendí un cigarrillo. Por el retrovisor, las luces de un auto anunciaban la llegada de Noche. Otro taxista está a punto de ser su víctima. Se acaba de estacionar a mi lado. El taxista baja del auto, al parecer está solo, pero no es así, Noche lo acompaña. Puedo verla en su forma diabólica, sin ojos, desnuda y con hambre de venganza. Al igual que yo, el pobre sujeto se ha quedado sorprendido de la falsa fachada de la casa, en unos minutos se dará cuenta de la realidad. Debería prevenirle, bajar y ayudarle. Pero, ¿si se trata esta vez del verdadero asesino? Hasta que Noche no lo encuentre, no descansará en paz. Di una última pitada a mi cigarrillo, lo arrojé por la ventana y partí, viendo como mi colega, entraba sonriendo al mismo infierno. 

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